bló tanto en 3° de secundaria como en 3° de primaria.
Un viernes, las cosas simplemente no se sentían bien. Habíamos estado trabajando en un nuevo concepto toda la semana, y yo sentía que los estudiantes no lo estaban entendiendo, frustrados consigo mismos y tensos uno con el otro. Tenía que detener eso antes de que se me fuera de las manos, así que le pedí a cada uno que hiciera una lista de los nombres de los otros estudiantes del salón en dos hojas de papel, dejando un espacio en blanco entre cada nombre. Después les dije que pensaran en la cosa más bonita que pudieran decir de cada uno de sus compañeros, y que la escribieran en los espacios correspondientes. Les tomó el resto de la clase cumplir con la consigna. Cuando se estaban yendo, me entregaron los papeles. Charlie sonrió, y Mark dijo: - Gracias, hermana. Que tenga un buen fin de semana.
Ese sábado escribí el nombre de cada uno de los alumnos en distintas hojas de papel, y listé lo que cada uno había dicho de ese individuo. El lunes le di a cada alumno su lista. Muy pronto todos los alumnos estaban sonriendo. - ¿De verdad? - escuché que susurraban. - No sabía que eso significaba algo para alguien. - No sabía que le agradaba tanto a los demás... Nunca nadie mencionó esos papeles en clase otra vez. Yo nunca supe si los discutieron después de clase o con sus padres, pero no importaba. La actividad había cumplido su propósito. Los estudiantes estaban contentos consigo mismos y con los demás de nuevo. Ese grupo de estudiantes siguió adelante con sus estudios.
Varios años más tarde, después de regresar de mis vacaciones, mis padres me encontraron en el aeropuerto. Mientras íbamos de regreso a casa, mamá me hizo las preguntas usuales acerca de mi viaje: el clima, mi experiencia en general. Hubo una pausa en la conversación. Mamá cruzó una mirada con papá y simplemente dijo: - ¿Papá? Mi padre se aclaró la garganta, como siempre lo hace antes de decir algo importante. - Los Eklund llamaron ayer en la noche - empezó. - ¿De veras? - dije. - ¡No he sabido nada de ellos en años! Me pregunto como estará Mark.
Papá respondió calladamente. - Mark murió en Vietnam. El funeral es mañana, y a sus padres les gustaría que fueras. Hasta este día aún puedo recordar exactamente el letrero I-494, donde papá me dijo lo de Mark. Yo nunca antes había visto a un soldado en un ataúd militar. Mark se veía tan guapo, tan maduro... todo lo que podía pensar en ese momento era: - Mark... yo daría toda la cinta adhesiva del mundo si tan sólo pudieras hablarme. La iglesia estaba llena, estaban todos los amigos de Mark. La hermana de Chuck cantó el himno de batalla de la República. ¿Por qué tenía que llover el día del funeral? Ya era suficientemente difícil con la grava. El pastor dijo las oraciones habituales y se tocó música. Uno por uno, los que amaron a Mark se acercaron al ataúd y lo rociaron con agua bendita. Yo fui la última en bendecir el ataúd.
Mientras estaba parada ahí, uno de los soldados se me acercó. - ¿Era usted la maestra de matemáticas de Mark? - me preguntó. Yo asentí, mientras continuaba mirando fijamente el ataúd. - Mark hablaba mucho de usted - me dijo. Después del funeral, la mayoría de los antiguos compañeros de clase de Mark fueron a la granja de Chuck, para almorzar.
Los padres de Mark estaban ahí, obviamente esperándome. - Queremos enseñarle algo - dijo su padre, sacando una billetera de su bolsillo. - Le encontraron esto a Mark cuando murió, pensamos que a lo mejor lo reconocería. Abriendo la billetera, sacó cuidadosamente dos piezas de una libreta que obviamente había sido sacada, pegada y doblada muchas veces. Yo sabía, sin mirar, que los papeles eran aquellos en los que yo había listado todas las cosas buenas que cada uno de los compañeros de Mark había dicho de él. - Muchas gracias por haber hecho eso - dijo la mama de Mark. - Como puede ver, Mark lo valoraba.
Los compañeros de Mark se empezaban a reunir alrededor de nosotros. Charlie sonrió, y dijo: - Yo todavía tengo mi lista. Está en el cajón de arriba, en el escritorio de mi casa. La esposa de Chuck dijo: - Chuck me pidió que pusiera la suya en nuestro álbum de bodas. - Yo también tengo la mía - dijo Marilyn. - Está en mi diario. Entonces Vicki, otra compañera, sacó la billetera de su cartera y mostró su ya vieja lista al grupo. - Siempre cargo con esto - dijo Vicki. - Creo que todos aún tenemos nuestras listas. Ahí fue cuando yo finalmente me senté y lloré. Lloré por Mark y por todos sus amigos, que nunca lo verían de nuevo. Algunas veces la cosa mas pequeña puede significar mucho para otra persona.


La joya
Un monje andariego se encontró, en uno de sus viajes, una piedra preciosa, y la guardó en su talega. Un día se encontró con un viajero y, al abrir su talega para compartir con él sus provisiones, el viajero vio la joya y se la pidió. El monje se la dio sin más. El viajero le dio las gracias y marchó lleno de gozo con aquel regalo inesperado de la piedra preciosa que bastaría para darle riqueza 