SURCO

Déjame, lector amigo, que tome tu alma y le haga contemplar
virtudes de hombre: la gracia obra sobre la naturaleza. Pero no olvides que mis consideraciones, por muy humanas que te parezcan,
como las he escrito -y aun vivido- para ti y para mí cara a Dios, por fuerza han de ser sacerdotales. Ojalá que estas páginas hasta
tal punto sirvan de provecho -así lo pido a Nuestro Señor- que
nos mejoren y nos muevan a dejar en esta vida, con nuestras
obras, un surco fecundo.

Num  1 Son muchos los cristianos persuadidos de que la Redención se realizará en todos los ambientes del mundo, y de que debe haber algunas almas -no saben quiénes- que con Cristo contribuyen a realizarla. Pero la ven a un plazo de siglos, de muchos siglos...: serían una eternidad, si se llevara a cabo al paso de su entrega.
     Así pensabas tú, hasta que vinieron a "despertarte".

Num  2 La entrega es el primer paso de una carrera de sacrificio, de alegría, de amor, de unión con Dios. -Y así, toda la vida se llena de una bendita locura, que hace encontrar felicidad donde la lógica humana no ve más que negación, padecimiento, dolor.

Num  3 "Pida por mí -decías-: que sea generoso, que adelante, que llegue a transformarme de tal modo que algún día pueda ser útil en algo".
     Bien. -Pero, ¿qué medios pones para que esos propósitos resulten eficaces?

Num  4 Muchas veces te preguntas por qué almas, que han tenido la dicha de conocer al verdadero Jesús desde niños, vacilan tanto en corresponder con lo mejor que poseen: su vida, su familia, sus ilusiones.
     Mira: tú, precisamente porque has recibido "todo" de golpe, estás obligado a mostrarte muy agradecido al Señor; como reaccionaría un ciego que recobrara la vista de repente, mientras a los demás ni siquiera se les ocurre que han de dar gracias porque ven.
     Pero... no es suficiente. A diario, has de ayudar a los que te rodean, para que se comporten con gratitud por su condición de hijos de Dios. Si no, no me digas que eres agradecido.

Num  5 Medítalo despacio: es muy poco lo que se me pide, para lo mucho que se me da.

Num  6 Para ti, que no acabas de arrancar, considera lo que me escribía un hermano tuyo: "cuesta, pero una vez tomada la "decisión", ¡qué respiro de felicidad, al encontrarse seguro en el camino!"

Num  7 Estos días -me comentabas- han transcurrido más felices que nunca. -Y te contesté sin vacilar: porque "has vivido" un poco más entregado que de ordinario.

Num  8 La llamada del Señor -la vocación- se presenta siempre así: "si alguno quiere venir detrás de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame".
     Sí: la vocación exige renuncia, sacrificio. Pero ¡qué gustoso resulta el sacrificio -"gaudium cum pace", alegría y paz-, si la renuncia es completa!

Num  9 Cuando le hablaron de comprometerse personalmente, su reacción fue razonar así: "en ese caso, podría hacer esto..., tendría que hacer lo otro..."
     -Le contestaron: "aquí no chalaneamos con el Señor. La ley de Dios, la invitación del Señor se toma o se deja, tal como es. Es preciso decidirse: adelante, sin ninguna reserva y con mucho ánimo, o marcharse. "Qui non est mecum..." -el que no está Conmigo, contra Mí está".

Num  10 De la falta de generosidad a la tibieza no hay más que un paso.

Num  11 Para que no lo imites, copio de una carta este ejemplo de cobardía: "desde luego, le agradezco mucho que se acuerde de mí, porque necesito muchas oraciones. Pero también le agradecería que, al suplicarle al Señor que me haga "apóstol", no se esfuerce en pedirle que me exija la entrega de mi libertad".

Num  12 Aquel conocido tuyo, muy inteligente, buen burgués, buena persona, decía: "cumplir la ley, pero con tasa, sin pasarse de la raya, lo más escuetamente posible".
     Y añadía: "¿pecar?, no; pero darse, tampoco".
     Causan verdadera pena esos hombres mezquinos, calculadores, incapaces de sacrificarse, de entregarse por un ideal noble.

Num  13 Hay que pedirte más: porque puedes dar más, y debes dar más. Piénsalo.

Num  14 "¡Es muy difícil!", exclamas desalentado.
     Oye, si luchas, con la gracia de Dios basta: prescindirás de los intereses personales, servirás a los demás por Dios, y ayudarás a la Iglesia en el campo donde se libra hoy la batalla: en la calle, en la fábrica, en el taller, en la universidad, en la oficina, en tu ambiente, en medio de los tuyos.

Num 15 Me has escrito: "en el fondo, lo de siempre, mucha falta de generosidad. ¡Qué lástima y qué vergüenza, descubrir el camino y permitir que unas nubecillas de polvo -inevitables- enturbien el final!"
     No te enfades si te digo que eres tú el único culpable: arremete valientemente contra ti mismo. Tienes medios más que suficientes.

Num 16 Cuando tu egoísmo te aparta del común afán por el bienestar sano y santo de los hombres, cuando te haces calculador y no te conmueves ante las miserias materiales o morales de tus prójimos, me obligas a echarte en cara algo muy fuerte, para que reacciones: si no sientes la bendita fraternidad con tus he