í Dios te habla- que eres como un niño pequeño, ¡sincero!, al que van enseñando a hablar, a leer, a conocer las flores y los pájaros, a vivir las alegrías y las penas, a fijarse en el suelo que pisa.

Num 271 "Sigo siendo una pobre criatura", me dices.
       Pero, antes, al verlo, ¡te llevabas cada mal rato! Ahora, sin acostumbramientos ni cesiones, te vas acostumbrando a sonreír, y a volver a empezar tu lucha con una alegría creciente.

Num 272 Si eres sensato, humilde, habrás observado que nunca se acaba de aprender... Sucede lo mismo en la vida; aun los más doctos tienen algo que aprender, hasta el fin de su vida; si no, dejan de ser doctos.

Num 273 Buen Jesús: si he de ser apóstol, es preciso que me hagas muy humilde.
       El sol envuelve de luz cuanto toca: Señor, lléname de tu claridad, endiósame: que yo me identifique con tu Voluntad adorable, para convertirme en el instrumento que deseas... Dame tu locura de humillación: la que te llevó a nacer pobre, al trabajo sin brillo, a la infamia de morir cosido con hierros a un leño, al anonadamiento del Sagrario.
       -Que me conozca: que me conozca y que te conozca. Así jamás perderé de vista mi nada.

Num 274 Sólo los tontos son testarudos: los muy tontos, muy testarudos.

Num 275 No me olvides que, en los asuntos humanos, también los otros pueden tener razón: ven la misma cuestión que tú, pero desde distinto punto de vista, con otra luz, con otra sombra, con otro contorno.
       -Sólo en la fe y en la moral hay un criterio indiscutible: el de nuestra Madre la Iglesia.

Num 276 ¡Qué bueno es saber rectificar!... Y, ¡qué pocos los que aprenden esta ciencia!

Num 277 Antes que faltar a la caridad, cede: no resistas, siempre que sea posible... Ten la humildad de la hierba, que se aplasta sin distinguir el pie que la pisa.

Num 278 A la conversión se sube por la humildad, por caminos de abajarse.

Num 279 Me decías: "¡hay que decapitar el "yo"!..." -Pero, ¡cómo cuesta!, ¿no?

Num 280 Muchas veces es preciso hacerse violencia, para humillarse y repetir de veras al Señor: "serviam!" -te serviré.

Num 281 "Memento, homo, quia pulvis es..." -recuerda, hombre, que eres polvo... -Si eres polvo, ¿por qué te ha de molestar que te pisen?

Num 282 Por la senda de la humildad se va a todas partes..., fundamentalmente al Cielo.

Num 283 Camino seguro de humildad es meditar cómo, aun careciendo de talento, de renombre y de fortuna, podemos ser instrumentos eficaces, si acudimos al Espíritu Santo para que nos dispense sus dones.
       Los Apóstoles, a pesar de haber sido instruidos por Jesús durante tres años, huyeron despavoridos ante los enemigos de Cristo. Sin embargo, después de Pentecostés, se dejaron azotar y encarcelar, y acabaron dando la vida en testimonio de su fe.

Num 284 Es verdad que nadie puede estar cierto de su perseverancia... Pero esa incertidumbre es un motivo más de humildad, y prueba evidente de nuestra libertad.

Num 285 Aunque eres tan poca cosa, Dios se ha servido de ti, y continúa sirviéndose, para trabajos fecundos por su gloria.
       -No te engrías. Piensa: ¿qué diría de sí mismo el instrumento de acero o de hierro, que el artista utiliza para montar joyas de oro y de piedras finas?

Num 286 ¿Qué vale más: un kilo de oro o uno de cobre?... Y, sin embargo, en muchos casos el cobre sirve más y mejor que el oro.

Num 287 Tu vocación -llamada de Dios- es de dirigir, de arrastrar, de servir, de ser caudillo. Si tú, por falsa o por mal entendida humildad, te aíslas, encerrándote en tu rincón, faltas a tu deber de instrumento divino.

Num 288 Cuando el Señor se sirve de ti para derramar su gracia en las almas, recuerda que tú no eres más que el envoltorio del regalo: un papel que se rompe y se tira.

Num 289 "Quia respexit humilitatem ancillæ suæ" -porque vio la bajeza de su esclava...
       -¡Cada día me persuado más de que la humildad auténtica es la base sobrenatural de todas las virtudes!
       Habla con Nuestra Señora, para que Ella nos adiestre a caminar por esa senda.

	Ciudadanía

Num 290 El mundo nos espera. ¡Sí!, amamos apasionadamente este mundo porque Dios así nos lo ha enseñado: "sic Deus dilexit mundum..." -así Dios amó al mundo; y porque es el lugar de nuestro campo de batalla -una hermosísima guerra de caridad-, para que todos alcancemos la paz que Cristo ha venido a instaurar.

Num 291 El Señor ha tenido esta finura de Amor con nosotros: permitirnos que le conquistemos la tierra.
       El -¡tan humilde siempre!- quiso limitarse a convertirlo en posible... A nosotros nos ha concedido la parte más hacedera y agradable: la de la acción y la del triunfo.

Num 292 El mundo... -"¡Esto es lo nuestro!"... -Y lo afirmas, después de poner la mirada y la cabeza en el cielo, con la seguridad del labriego que camina soberano por su propia mies: "regnare Christum volumus!" -¡queremos que El reine sobre esta tierra suya!

Num 293 "Es tiempo de esperanza, y vivo de este tesoro. No es una frase, Padre -me dices-, es una realidad".
       E