conducta... -Tú, también.

Num 330 De acuerdo, dices la verdad "casi" por entero... Luego no eres veraz.

Num 331 Te quejas..., y continúo con intransigencia santa: te quejas..., porque esta vez he puesto el dedo en tu llaga.

Num 332 Has entendido en qué consiste la sinceridad cuando me escribes: "estoy tratando de acostumbrarme a llamar a las cosas por su nombre y, sobre todo, a no buscar apelativos para lo que no existe".

Num 333 Piénsalo bien: ser transparente consiste más en no tapar que en querer hacer ver... Se trata de permitir que se distingan los objetos que hay en el fondo de un vaso, y no de esforzarse en volver visible el aire.

Num 334 Que obremos siempre de tal manera, en la presencia de Dios, que no tengamos que ocultar nada a los hombres.

Num 335 Se acabaron los agobios... Has descubierto que la sinceridad con el Director arregla los entuertos con una facilidad admirable.

Num 336 ¡Cómo yerran padres, maestros, directores... que exigen sinceridad absoluta y, cuando se les muestra toda la verdad, se asustan!

Num 337 Leías en aquel diccionario los sinónimos de insincero: "ambiguo, ladino, disimulado, taimado, astuto"... -Cerraste el libro, mientras pedías al Señor que nunca pudiesen aplicarte esos calificativos, y te propusiste afinar aún más en esta virtud sobrenatural y humana de la sinceridad.

Num 338 "Abyssus, abyssum invocat..." -un abismo llama a otro abismo, te he recordado ya. Es la descripción exacta del modo de comportarse de los mentirosos, de los hipócritas, de los renegados, de los traidores: como están a disgusto con su propio modo de conducirse, ocultan a los demás sus trapacerías, para ir de mal en peor, creando un despeñadero entre ellos y el prójimo.

Num 339 "Tota pulchra es Maria, et macula originalis non est in te!" -¡toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha original!, canta la liturgia alborozada. No hay en Ella ni la menor sombra de doblez: ¡a diario ruego a Nuestra Madre que sepamos abrir el alma en la dirección espiritual, para que la luz de la gracia ilumine toda nuestra conducta!
       -María nos obtendrá la valentía de la sinceridad, para que nos alleguemos más a la Trinidad Beatísima, si así se lo suplicamos.

Num 340 La lealtad tiene como consecuencias la seguridad de andar por un camino recto, sin inestabilidades ni perturbaciones; y la de afirmarse en esta certidumbre: que existen el buen sentido y la dicha.
       -Mira si se cumplen en tu vida de cada instante.

Num 341 Me confiabas que Dios, a ratos, te llena de luz; en otros, no.
       Te recordé, con firmeza, que el Señor es siempre infinitamente bueno. Por eso, para seguir adelante, te bastan esos tiempos luminosos; aunque los otros también te aprovechan, para hacerte más fiel.

Num 342 Sal de la tierra. -Nuestro Señor dijo que sus discípulos -también tú y yo- son sal de la tierra: para inmunizar, para evitar la corrupción, para sazonar el mundo.
       -Pero también añadió "quod si sal evanuerit..." -que si la sal pierde su sabor, será arrojada y pisoteada por las gentes...
       -Ahora, frente a muchos sucesos que lamentamos, ¿te vas explicando lo que no te explicabas?

Num 343 Me hace temblar aquel pasaje de la segunda epístola a Timoteo, cuando el Apóstol se duele de que Demas escapó a Tesalónica tras los encantos de este mundo... Por una bagatela, y por miedo a las persecuciones, traicionó la empresa divina un hombre, a quien San Pablo cita en otras epístolas entre los santos.
       Me hace temblar, al conocer mi pequeñez; y me lleva a exigirme fidelidad al Señor hasta en los sucesos que pueden parecer como indiferentes, porque, si no me sirven para unirme más a El, ¡no los quiero!

Num 344 Para tantos momentos de la historia, que el diablo se encarga de repetir, me parecía una consideración muy acertada aquella que me escribías sobre lealtad: "llevo todo el día en el corazón, en la cabeza y en los labios una jaculatoria: ¡Roma!"

Num 345 ¡Un gran descubrimiento!: algo que sólo entendías muy a medias, te ha resultado clarísimo cuando has tenido que explicárselo a otros.
       Hubiste de charlar muy despacio con uno, desanimado porque se sentía ineficaz y no quería ser una carga para nadie... Entonces comprendiste mejor que nunca por qué te hablo constantemente de ser borriquitos de noria: fieles, con anteojeras muy grandes para no mirar ni saborear personalmente los resultados -las flores, los frutos, la lozanía de la huerta-, bien ciertos de la eficacia de nuestra fidelidad.

Num 346 La lealtad exige hambre de formación, porque -movido por un amor sincero- no deseas correr el riesgo de difundir o defender, por ignorancia, criterios y posturas que están muy lejos de concordar con la verdad.

Num 347 "Quisiera -me escribes- que mi lealtad y mi perseverancia fueran tan sólidas y tan eternas, y mi servicio tan vigilante y amoroso, que pudiera usted alegrarse en mí y le fuese yo un pequeño descanso".
       -Y te contesto: Dios te confirme en tu propósito, para que le seamos ayuda y desca