or, para ordenarlas? Sin esa conversación con Dios, ¿cómo acabarás con perfección la labor de la jornada?... -Mira, es como si alegaras que te falta tiempo para estudiar, porque estás muy ocupado en explicar unas lecciones... Sin estudio, no se puede dar una buena clase.
       La oración va antes que todo. Si lo entiendes así y no lo pones en práctica, no me digas que te falta tiempo: ¡sencillamente, no quieres hacerla!

Num 449 Oración, ¡más oración! -Parece una incongruencia ahora, en tiempo de exámenes, de mayor trabajo... La necesitas: y no sólo la habitual, como práctica de piedad; oración, también durante los ratos perdidos; oración, entre ocupación y ocupación, en vez de soltar la mente en tonterías.
       No importa si -a pesar de tu empeño- no consigues concentrarte y recogerte. Puede valer mucho más esta meditación que aquélla que hiciste, con toda comodidad, en el oratorio.

Num 450 Una costumbre eficaz para lograr presencia de Dios: cada día, la primera audiencia, para Jesucristo.

Num 451 La oración no es prerrogativa de frailes: es cometido de cristianos, de hombres y mujeres del mundo, que se saben hijos de Dios.

Num 452 Desde luego, has de seguir tu camino: hombre de acción... con vocación de contemplativo.

Num 453 ¿Católico, sin oración?... Es como un soldado sin armas.

Num 454 Agradece al Señor el enorme bien que te ha otorgado, al hacerte comprender que "sólo una cosa es necesaria". -Y, junto a la gratitud, que no falte a diario tu súplica, por los que aún no le conocen o no le han entendido.

Num 455 Cuando trataban de "pescarte", te preguntabas de dónde sacaban aquella fuerza y aquel fuego que todo lo abrasa. -Ahora, que haces oración, has advertido que ésa es la fuente que rezuma alrededor de los verdaderos hijos de Dios.

Num 456 Desprecias la meditación... ¿No será que tienes miedo, que buscas el anonimato, que no te atreves a hablar con Cristo cara a cara?
       -Ya ves que hay muchos modos de "despreciar" este medio, aunque se afirme que se practica.

Num 457 Oración: es la hora de las intimidades santas y de las resoluciones firmes.

Num 458 ¡Qué bien razonada la plegaria de aquella alma que decía: Señor, no me abandones; ¿no reparas que hay "otra persona", que me tira de los pies?!

Num 459 ¿Volverá el Señor a encenderme el alma?... -Te aseguran que sí tu cabeza y la fuerza honda de un deseo lejano, que quizá sea esperanza... -En cambio, el corazón y la voluntad -sobra de uno, falta de otra- lo tiñen todo de una melancolía paralizadora y yerta, como una mueca, como una burla amarga.
       Escucha la promesa del Espíritu Santo: "dentro de un brevísimo tiempo, vendrá Aquél que ha de venir y no tardará. Entre tanto el justo mío vivirá de fe".

Num 460 La verdadera oración, la que absorbe a todo el individuo, no la favorece tanto la soledad del desierto, como el recogimiento interior.

Num 461 Hicimos la oración de la tarde en medio del campo, cercano el anochecer. Debíamos de tener un aspecto un tanto curioso, para un espectador que no estuviera en antecedentes: sentados por el suelo, en un silencio sólo interrumpido por la lectura de unos puntos de meditación.
       Esa oración en pleno campo, "apretando fuerte" por todos los que venían con nosotros, por la Iglesia, por las almas, resultó grata al Cielo y fecunda: cualquier lugar es apto para ese encuentro con Dios.

Num 462 Me gusta que, en la oración, tengas esa tendencia a recorrer muchos kilómetros: contemplas tierras distintas de las que pisas; ante tus ojos pasan gentes de otras razas; oyes lenguas diversas... Es como un eco de aquel mandato de Jesús: "euntes docete omnes gentes" -id, y enseñad a todo el mundo.
       Para llegar lejos, siempre más lejos, mete ese fuego de amor en los que te rodean: y tus sueños y deseos se convertirán en realidad: ¡antes, más y mejor!

Num 463 La oración se desarrollará unas veces de modo discursivo; otras, tal vez pocas, llena de fervor; y, quizá muchas, seca, seca, seca... Pero lo que importa es que tú, con la ayuda de Dios, no te desalientes.
       Piensa en el centinela que está de guardia: desconoce si el Rey o el Jefe del Estado se encuentra en el palacio; no le consta lo que hace y, en la mayoría de los casos, el personaje no sabe quién le custodia.
       -Nada de esto ocurre con nuestro Dios: El vive donde tú vivas; se ocupa de ti; te conoce y conoce tus pensamientos más íntimos...: ¡no abandones la guardia de la oración!

Num 464 Mira qué conjunto de razonadas sinrazones te presenta el enemigo, para que dejes la oración: "me falta tiempo" -cuando lo estás perdiendo continuamente-; "esto no es para mí", "yo tengo el corazón seco"...
       La oración no es problema de hablar o de sentir, sino de amar. Y se ama, esforzándose en intentar decir algo al Señor, aunque no se diga nada.

Num 465 "Un minuto de rezo intenso; con eso basta". -Lo decía uno que nunca rezaba.
       -¿Comprendería un enamorado que bastase contemplar intensamente durante un minuto a la persona amada?

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