to de nuestro destino sobrenatural!

Num 74 No eres feliz, porque le das vueltas a todo como si tú fueras siempre el centro: si te duele el estómago, si te cansas, si te han dicho esto o aquello...
     -¿Has probado a pensar en El y, por El, en los demás?

Num 75 "Miles" -soldado, llama el Apóstol al cristiano.
     Pues, en esta bendita y cristiana pelea de amor y de paz por la felicidad de las almas todas, hay, dentro de las filas de Dios, soldados cansados, hambrientos, rotos por las heridas..., pero alegres: llevan en el corazón las luces seguras de la victoria.

Num 76 "Le envío, Padre, el propósito de estar siempre sonriente: corazón risueño, aunque me lo apuñalen".
     -Me parece un propósito acertado. Rezo para que lo cumplas.

Num 77 En algunos momentos te agobia un principio de desánimo, que mata toda tu ilusión, y que apenas alcanzas a vencer a fuerza de actos de esperanza. -No importa: es la hora buena para pedir más gracia a Dios, y ¡adelante! Renueva la alegría de luchar, aunque pierdas una escaramuza.

Num 78 Han venido nubarrones de falta de ganas, de pérdida de ilusión. Han caído chubascos de tristeza, con la clara sensación de encontrarte atado. Y, como colofón, te acecharon decaimientos, que nacen de una realidad más o menos objetiva: tantos años luchando..., y aún estás tan atrás, tan lejos.
     Todo esto es necesario, y Dios cuenta con eso: para alcanzar el "gaudium cum pace" -la paz y la alegría verdaderas, hemos de añadir, al convencimiento de nuestra filiación divina, que nos llena de optimismo, el reconocimiento de la propia personal debilidad.

Num 79 ¡Has rejuvenecido! Efectivamente, adviertes que el trato con Dios te ha devuelto en poco tiempo a la época sencilla y feliz de la juventud, incluso a la seguridad y gozo -sin niñadas- de la infancia espiritual... Miras a tu alrededor, y compruebas que a los demás les sucede otro tanto: transcurren los años desde su encuentro con el Señor y, con la madurez, se robustecen una juventud y una alegría indelebles; no están jóvenes: ¡son jóvenes y alegres!
     Esta realidad de la vida interior atrae, confirma y subyuga a las almas. Agradéceselo diariamente "ad Deum qui lætificat iuventutem" -al Dios que llena de alegría tu juventud.

Num 80 La gracia de Dios no te falta. Por lo tanto, si correspondes, debes estar seguro.
     El triunfo depende de ti: tu fortaleza y tu empuje -unidos a esa gracia- son razón más que suficiente para darte el optimismo de quien tiene segura la victoria.

Num 81 Quizá ayer eras una de esas personas amargadas en sus ilusiones, defraudadas en sus ambiciones humanas. Hoy, desde que El se metió en tu vida -¡gracias, Dios mío!- ríes y cantas, y llevas la sonrisa, el Amor y la felicidad dondequiera que vas.

Num 82 Muchos se sienten desgraciados, precisamente por tener demasiado de todo. -Los cristianos, si verdaderamente se conducen como hijos de Dios, pasarán incomodidad, calor, fatiga, frío... Pero no les faltará jamás la alegría, porque eso -¡todo!- lo dispone o lo permite El, que es la fuente de la verdadera felicidad.

Num 83 Ante un panorama de hombres sin fe, sin esperanza; ante cerebros que se agitan, al borde de la angustia, buscando una razón de ser a la vida, tú encontraste una meta: ¡El!
     Y este descubrimiento inyectará permanentemente en tu existencia una alegría nueva, te transformará, y te presentará una inmensidad diaria de cosas hermosas que te eran desconocidas, y que muestran la gozosa amplitud de ese camino ancho, que te conduce a Dios.

Num 84 Tu felicidad en la tierra se identifica con tu fidelidad a la fe, a la pureza y al camino que el Señor te ha marcado.

Num 85 Da gracias a Dios porque estás contento, con una alegría honda que no sabe ser ruidosa.

Num 86 Con Dios, pensaba, cada día me parece más atractivo. Voy viviendo a "cachitos". Un día considero magnífico un detalle; otro, descubro un panorama que antes no había advertido... A este paso, no sé lo que ocurrirá con el tiempo.
     Luego, he notado que El me aseguraba: pues cada día será mayor tu contento, porque ahondarás más y más en la aventura divina, en el "lío" tan grande en que te he metido. Y comprobarás que Yo no te dejo.

Num 87 La alegría es una consecuencia de la entrega. Se confirma en cada vuelta a la noria.

Num 88 ¡Qué alegría inmutable te produce el haberte entregado a Dios!... ¡Y qué inquietud, y qué afanes has de tener de que todos participen en tu alegría!

Num 89 Todo lo que ahora te preocupa cabe dentro de una sonrisa, esbozada por amor de Dios.

Num 90 ¿Optimismo?, ¡siempre! También cuando las cosas salen aparentemente mal: quizá es ésa la hora de romper a cantar, con un Gloria, porque te has refugiado en El, y de El no te puede venir más que el bien.

Num 91 Esperar no significa empezar a ver la luz, sino confiar con los ojos cerrados en que el Señor la posee plenamente y vive en esa claridad. El es la Luz.

Num 92 Deber de cada cristiano es llevar la paz y la felicidad por los distintos ambientes de la tie