ncontrar a Jesús tampoco conoce descanso.

	Corazón

Num 795 Lo que se necesita para conseguir la felicidad, no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado.

Num 796 Después de veinte siglos, hemos de pregonar con seguridad plena que el espíritu de Cristo no ha perdido su fuerza redentora, la única que sacia los anhelos del corazón humano. -Comienza por meter esa verdad en el tuyo, que estará en perpetua inquietud -como escribió San Agustín- mientras no lo pongas enteramente en Dios.

Num 797 Amar es... no albergar más que un solo pensamiento, vivir para la persona amada, no pertenecerse, estar sometido venturosa y libremente, con el alma y el corazón, a una voluntad ajena... y a la vez propia.

Num 798 Todavía no quieres al Señor como el avaro sus riquezas, como una madre a su hijo..., ¡todavía te preocupas demasiado de ti mismo y de pequeñeces tuyas! Sin embargo, notas que Jesús ya se ha hecho indispensable en tu vida...
       -Pues, en cuanto correspondas por completo a su llamada, te será también indispensable en cada uno de tus actos.

Num 799 ¡Grítaselo fuerte, que ese grito es chifladura de enamorado!: Señor, aunque te amo..., ¡no te fíes de mí! ¡Atame a Ti, cada día más!

Num 800 No lo dudes: el corazón ha sido creado para amar. Metamos, pues, a Nuestro Señor Jesucristo en todos los amores nuestros. Si no, el corazón vacío se venga, y se llena de las bajezas más despreciables.

Num 801 No existe corazón más humano que el de una criatura que rebosa sentido sobrenatural. Piensa en Santa María, la llena de gracia, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa de Dios Espíritu Santo: en su Corazón cabe la humanidad entera sin diferencias ni discriminaciones. -Cada uno es su hijo, su hija.

Num 802 Las personas, cuando tienen el corazón muy pequeño, parece que guardan sus afanes en un cajón pobre y apartado.

Num 803 Has de conducirte cada día, al tratar a quienes te rodean, con mucha comprensión, con mucho cariño, junto -claro está- con toda la energía necesaria: si no, la comprensión y el cariño se convierten en complicidad y en egoísmo.

Num 804 Decía -sin humildad de garabato- aquel amigo nuestro: "no he necesitado aprender a perdonar, porque el Señor me ha enseñado a querer".

Num 805 Perdonar. ¡Perdonar con toda el alma y sin resquicio de rencor! Actitud siempre grande y fecunda.
       -Ese fue el gesto de Cristo al ser enclavado en la cruz: "Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen", y de ahí vino tu salvación y la mía.

Num 806 Pena grande te produjo el comentario, bien poco cristiano, de aquella persona: "perdona a tus enemigos -te decía-: ¡no imaginas la rabia que les da!"
       -No te pudiste contener, y replicaste con paz: "no quiero baratear el amor con la humillación del prójimo. Perdono, porque amo, con hambre de imitar al Maestro".

Num 807 Evita con delicadeza todo lo que pueda herir el corazón de los demás.

Num 808 ¿Por qué, entre diez maneras de decir que "no", has de escoger siempre la más antipática? -La virtud no desea herir.

Num 809 Mira: tenemos que amar a Dios no sólo con nuestro corazón, sino con el "Suyo", y con el de toda la humanidad de todos los tiempos...: si no, nos quedaremos cortos para corresponder a su Amor.

Num 810 Me duele que, quienes se han entregado a Dios, presenten la imagen o den pie a que se les tome por solterones: ¡si tienen el Amor por antonomasia! -Solterones serán, si no saben amar a Quien tanto ama.

Num 811 Alguno ha comparado el corazón a un molino, que se mueve por el viento del amor, de la pasión...
       Efectivamente, ese "molino" puede moler trigo, cebada, estiércol... -¡Depende de nosotros!

Num 812 El demonio -padre de la mentira y víctima de su soberbia- intenta remedar al Señor hasta en el modo de hacer prosélitos. ¿Te has fijado?: lo mismo que Dios se vale de los hombres para salvar almas y llevarlas a la santidad, satanás se sirve de otras personas, para entorpecer esa labor y aun para perderlas. Y -no te asustes- de la misma manera que Jesús busca, como instrumentos, a los más próximos -parientes, amigos, colegas, etc.-, el demonio también intenta, con frecuencia, mover a esos seres más queridos, para inducir al mal.
       Por eso, si los lazos de la sangre se convierten en ataduras, que te impiden seguir los caminos de Dios, córtalos con decisión. Y quizá tu determinación desate también a quienes estaban enredados en las mallas de Lucifer.

Num 813 ¡Gracias, Jesús mío!, porque has querido hacerte perfecto Hombre, con un Corazón amante y amabilísimo, que ama hasta la muerte y sufre; que se llena de gozo y de dolor; que se entusiasma con los caminos de los hombres, y nos muestra el que lleva al Cielo; que se sujeta heroicamente al deber, y se conduce por la misericordia; que vela por los pobres y por los ricos; que cuida de los pecadores y de los justos...
       -¡Gracias, Jesús mío, y danos un corazón a la medida del Tuyo!

Num 814 Pide a Jesús que te conceda un Amor como hoguera de purificación, donde tu pobre carne -tu 