pobre corazón- se consuma, limpiándose de todas las miserias terrenas... Y, vacío de ti mismo, se colme de El. Pídele que te conceda una radical aversión a lo mundano: que sólo te sostenga el Amor.

Num 815 Has visto muy clara tu vocación -querer a Dios-, pero sólo con la cabeza. Me aseguras que has metido el corazón en el camino..., pero a veces te distraes, e incluso intentas volver la mirada atrás: señal de que no lo has metido del todo. -¡Afina!

Num 816 "He venido -así se expresa el Maestro- a enfrentar al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra..." Cumpliendo lo que El te exige, demostrarás que los amas verdaderamente. Por eso, no te escudes en el cariño que les tienes -total debe ser-, a la hora de tu sacrificio personal. Si no, créeme, antepones, al amor de Dios, el de tus padres; y, al de tus padres, tu amor propio.
       -¿Has entendido ahora, con más profundidad, la congruencia de las palabras evangélicas?

Num 817 ¡El corazón! De vez en cuando, sin poder evitarlo, se proyecta una sombra de luz humana, un recuerdo torpe, triste, "pueblerino"...
       -Acude enseguida al Sagrario, física o espiritualmente: y tornarás a la luz, a la alegría, a la Vida.

Num 818 La frecuencia con que visitamos al Señor está en función de dos factores: fe y corazón; ver la verdad y amarla.

Num 819 El Amor se robustece también con negación y mortificación.

Num 820 Si tuvieras un corazón grande y algo más de sinceridad, no te detendrías a mortificar, ni te sentirías mortificado..., por detallitos.

Num 821 Si te enfadas -en ocasiones es un deber; en otras, una flaqueza-, que dure sólo pocos minutos. Y además, siempre con caridad: ¡cariño!

Num 822 ¿Reprender?... Muchas veces es necesario. Pero enseñando a corregir el defecto. Nunca, por un desahogo de tu mal carácter.

Num 823 Cuando hay que corregir, se ha de actuar con claridad y amabilidad; sin excluir una sonrisa en los labios, si procede. Nunca -o muy rara vez-, por la tremenda.

Num 824 ¿Te sientes depositario del bien y de la verdad absoluta y, por tanto, investido de un título personal o de un derecho a desarraigar el mal a toda costa?
       -Por ese camino no arreglarás nada: ¡sólo por Amor y con amor!, recordando que el Amor te ha perdonado y te perdona tanto.

Num 825 Ama a los buenos, porque aman a Cristo... -Y ama también a los que no le aman, porque tienen esa desgracia..., y especialmente porque El ama a unos y a otros.

Num 826 La gente de aquella tierra -tan apartada de Dios, tan desorientada- te ha recordado las palabras del Maestro: "andan como ovejas sin pastor".
       -Y has sentido que a ti también se te llenan las entrañas de compasión...: decídete, desde el lugar que ocupas, a dar la vida en holocausto por todos.

Num 827 Los pobres -decía aquel amigo nuestro- son mi mejor libro espiritual y el motivo principal para mis oraciones. Me duelen ellos, y Cristo me duele con ellos. Y, porque me duele, comprendo que le amo y que les amo.

Num 828 Poniendo el amor de Dios en medio de la amistad, este afecto se depura, se engrandece, se espiritualiza; porque se queman las escorias, los puntos de vista egoístas, las consideraciones excesivamente carnales. No lo olvides: el amor de Dios ordena mejor nuestros afectos, los hace más puros, sin disminuirlos.

Num 829 Esta situación te quema: ¡se te ha acercado Cristo, cuando no eras más que un miserable leproso! Hasta entonces, sólo cultivabas una cualidad buena: un generoso interés por los demás. Después de ese encuentro, alcanzaste la gracia de ver a Jesús en ellos, te enamoraste de El y ahora le amas en ellos..., y te parece muy poco -¡tienes razón!- el altruismo que antes te empujaba a prestar unos servicios al prójimo.

Num 830 Acostúmbrate a poner tu pobre corazón en el Dulce e Inmaculado Corazón de María, para que te lo purifique de tanta escoria, y te lleve al Corazón Sacratísimo y Misericordioso de Jesús.

	Pureza

Num 831 La castidad -la de cada uno en su estado: soltero, casado, viudo, sacerdote- es una triunfante afirmación del amor.

Num 832 El "milagro" de la pureza tiene como puntos de apoyo la oración y la mortificación.

Num 833 Más peligrosa se demuestra la tentación contra la castidad, cuanto más disimulada viene: por presentarse insidiosamente, engaña mejor.
       -¡No transijas, ni siquiera con la excusa de no "parecer raro"!

Num 834 La santa pureza: ¡humildad de la carne! Señor -le pedías-, siete cerrojos para mi corazón. Y te aconsejé que le pidieses siete cerrojos para tu corazón y, también, ochenta años de gravedad para tu juventud...
       Además, vigila..., porque antes se apaga una centella que un incendio; huye..., porque aquí es una vil cobardía ser "valiente"; no andes con los ojos desparramados..., porque eso no indica ánimo despierto, sino insidia de satanás.
       Pero toda esta diligencia humana, con la mortificación, el cilicio, la disciplina y el ayuno, ¡qué poco valen sin Ti, Dios mío!

Num 835 Así mató aquel confesor la co