ncupiscencia de un alma delicada, que se acusó de ciertas curiosidades: -"¡Bah!: instintos de machos y de hembras".

Num 836 En cuanto se admite voluntariamente ese diálogo, la tentación quita la paz del alma, del mismo modo que la impureza consentida destruye la gracia.

Num 837 Ha seguido el camino de la impureza, con todo su cuerpo..., y con toda su alma. -Su fe se ha ido desdibujando..., aunque bien le consta que no es problema de fe.

Num 838 "Usted me dijo que se puede llegar a ser "otro" San Agustín, después de mi pasado. No lo dudo, y hoy más que ayer quiero tratar de comprobarlo".
       Pero has de cortar valientemente y de raíz, como el santo obispo de Hipona.

Num 839 Sí, pide perdón contrito, y haz abundante penitencia por los sucesos impuros de tu vida pasada, pero no quieras recordarlos.

Num 840 Esa conversación... sucia, ¡de cloaca!
       -No basta con que no la secundes: ¡manifiesta reciamente tu repugnancia!

Num 841 Parece como si el "espíritu" se fuera reduciendo, empequeñeciendo, hasta quedar en un puntito... Y el cuerpo se agranda, se agiganta, hasta dominar. -Para ti escribió San Pablo: "castigo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que, habiendo predicado a otros, venga yo a ser reprobado".

Num 842 ¡Qué pena dan los que afirman -por su personal experiencia triste- que no se puede ser casto, viviendo y trabajando en medio del mundo!
       -Con ese ilógico razonamiento, no deberían molestarse si otros ofenden la memoria de sus padres, de sus hermanos, de su mujer, de su marido.

Num 843 Aquel confesor, un poco rudo, pero experimentado, contuvo los desvaríos de un alma y los redujo al orden, con esta afirmación: "andas ahora por caminos de vacas; luego, ya te conformarás con ir por los de cabras; y luego..., siempre como un animal, que no sabe mirar al cielo".

Num 844 Tú serás... eso, lo que eres: un animalito. -Pero me has de reconocer que otros son enterizos y castos. ¡Ah!, y no te irrites luego, cuando no cuenten contigo o cuando te ignoren: ellos y ellas organizan sus planes humanos con personas que tienen alma y cuerpo..., no con animales.

Num 845 Hay quien trae hijos al mundo para su industria, para su servicio, para su egoísmo... Y no se acuerdan de que son un don maravilloso del Señor, del que tendrán que dar especialísima cuenta.
       Traer hijos, sólo para continuar la especie, también lo saben hacer -no te me enfades- los animales.

Num 846 Un matrimonio cristiano no puede desear cegar las fuentes de la vida. Porque su amor se funda en el Amor de Cristo, que es entrega y sacrificio... Además, como recordaba Tobías a Sara, los esposos saben que "nosotros somos hijos de santos, y no podemos juntarnos a manera de los gentiles, que no conocen a Dios".

Num 847 Cuando éramos pequeños, nos pegábamos a nuestra madre, al pasar por caminos oscuros o por donde había perros.
       Ahora, al sentir las tentaciones de la carne, debemos juntarnos estrechamente a Nuestra Madre del Cielo, por medio de su presencia bien cercana y por medio de las jaculatorias.
       -Ella nos defenderá y nos llevará a la luz.

Num 848 Ni son más hombres, ni son más mujeres, por llevar esa vida desordenada.
       Se ve que, quienes así razonan, ponen su ideal de persona en las meretrices, en los invertidos, en los degenerados..., en los que tienen el corazón podrido y no podrán entrar en el Reino de los Cielos.

Num 849 Permíteme un consejo, para que lo pongas en práctica a diario. Cuando el corazón te haga notar sus bajas tendencias, reza despacio a la Virgen Inmaculada: ¡mírame con compasión, no me dejes, Madre mía! -Y aconséjalo a otros.

	Paz

Num 850 Fomenta, en tu alma y en tu corazón -en tu inteligencia y en tu querer-, el espíritu de confianza y de abandono en la amorosa Voluntad del Padre celestial... -De ahí nace la paz interior que ansías.

Num 851 ¿Cómo vas a tener paz, si te dejas arrastrar -contra los "tirones" de la gracia- por esas pasiones, que ni siquiera intentas dominar?
       El cielo empuja para arriba; tú -¡sólo tú: no busques excusas!-, para abajo... -Y de este modo te desgarras.

Num 852 Tanto la paz, como la guerra, están dentro de nosotros.
       No se puede llegar al triunfo, a la paz, si faltan la lealtad y la decisión de vencer en el combate.

Num 853 Un remedio contra esas inquietudes tuyas: tener paciencia, rectitud de intención, y mirar las cosas con perspectiva sobrenatural.

Num 854 Aleja enseguida de ti -¡si Dios está contigo!- el temor y la perturbación de espíritu...: evita de raíz esas reacciones, pues sólo sirven para multiplicar las tentaciones y acrecentar el peligro.

Num 855 Aunque todo se hunda y se acabe, aunque los acontecimientos sucedan al revés de lo previsto, con tremenda adversidad, nada se gana turbándose. Además, recuerda la oración confiada del profeta: "el Señor es nuestro Juez, el Señor es nuestro Legislador, el Señor es nuestro Rey; El es quien nos ha de salvar".
       -Rézala devotamente, a diario, para acomodar tu conducta a los designios de 