la virtud de la caridad, porque quizá ese instante concreto de convivencia es el último en que coincides con éste o con aquél...: ellos o tú, o yo, podemos faltar en cualquier momento.

Num 896 Decía un alma ambiciosa de Dios: ¡por fortuna, los hombres no somos eternos!

Num 897 Me hizo meditar aquella noticia: cincuenta y un millones de personas fallecen al año; noventa y siete al minuto. El pescador -ya lo dijo el Maestro- echa sus redes al mar, el Reino del Cielo es semejante a una red barredera..., y de ahí serán escogidos los buenos; los malos, los que no reúnen condiciones, ¡desechados para siempre! Cincuenta y un millones mueren al año, noventa y siete al minuto: díselo también a otros.

Num 898 En cuerpo y alma ha subido a los Cielos nuestra Madre. Repítele que, como hijos, no queremos separarnos de Ella... ¡Te escuchará!

	La lengua

Num 899 Don de lenguas, saber transmitir la ciencia de Dios: recurso imprescindible para quien ha de ser apóstol. -Por eso, todos los días pido a Dios Nuestro Señor que lo conceda a cada una y a cada uno de sus hijos.

Num 900 Aprende a decir que no, sin herir innecesariamente, sin recurrir al rechazo tajante, que rasga la caridad.
       -¡Recuerda que estás siempre delante de Dios!

Num 901 ¿Te molesta que insista, del mismo modo, en las mismas cosas esenciales?, ¿que no tenga en cuenta esas corrientes en boga? -Mira; de igual manera se ha definido en los siglos la línea recta, porque es la más clara y breve. Otra definición resultaría más oscura y complicada.

Num 902 Acostúmbrate a hablar cordialmente de todo y de todos; en particular, de cuantos trabajan en el servicio de Dios.
       Y cuando no sea posible, ¡calla!: también los comentarios bruscos o desenfadados pueden rayar en la murmuración o en la difamación.

Num 903 Decía un muchachote que acababa de entregarse más íntimamente a Dios: "ahora lo que me hace falta es hablar menos, visitar enfermos y dormir en el suelo".
       -Aplícate el cuento.

Num 904 ¡De los sacerdotes de Cristo no se ha de hablar más que para alabarles!
       -Deseo con toda mi alma que mis hermanos y yo lo tengamos muy en cuenta, para nuestra conducta diaria.

Num 905 La mentira tiene muchas facetas: reticencia, cabildeo, murmuración... -Pero es siempre arma de cobardes.

Num 906 ¡No hay derecho a que te dejes impresionar por la primera o por la última conversación!
       Escucha con respeto, con interés; da crédito a las personas..., pero tamiza tu juicio en la presencia de Dios.

Num 907 Murmuran. Y luego ellos mismos se encargan de que alguno venga enseguida a contarte el "se dice"... -¿Villanía? -Sin duda. Pero no me pierdas la paz, ya que ningún daño podrá hacerte su lengua, si trabajas con rectitud... -Piensa: ¡qué bobos son, qué poco tacto humano tienen, qué falta de lealtad con sus hermanos..., y especialmente con Dios!
       Y no me caigas tú en la murmuración, por un mal entendido derecho de réplica. Si has de hablar, sírvete de la corrección fraterna, como aconseja el Evangelio.

Num 908 No te preocupen esas contradicciones, esas habladurías: ciertamente trabajamos en una labor divina, pero somos hombres... Y resulta lógico que, al andar, levantemos el polvo del camino.
       Eso que te molesta, que te hiere..., aprovéchalo para tu purificación y, si es preciso, para rectificar.

Num 909 Murmurar, dicen, es muy humano. -He replicado: nosotros hemos de vivir a lo divino.
       La palabra malvada o ligera de un solo hombre puede formar una opinión, y aun poner de moda que se hable mal de alguien... Luego, esa murmuración sube de abajo, llega a la altura, y quizá se condensa en negras nubes.
       -Pero, cuando el hostigado es un alma de Dios, las nubes se resuelven en lluvia fecunda, suceda lo que suceda; y el Señor se encarga de ensalzar, en lo que pretendían humillarle o difamarle.

Num 910 No querías creerlo, pero has tenido que rendirte a la evidencia, a costa tuya: aquellas afirmaciones que pronunciaste sencillamente y con sano sentido católico, las han retorcido con malicia los enemigos de la fe.
       Es verdad, "hemos de ser cándidos como las palomas..., y prudentes como las serpientes". No hables a destiempo ni fuera de lugar.

Num 911 Porque no sabes -o no quieres- imitar la conducta noble de aquel hombre, tu secreta envidia te empuja a ridiculizarle.

Num 912 La maledicencia es hija de la envidia; y la envidia, el refugio de los infecundos.
       Por eso, ante la esterilidad, examina tu punto de mira: si trabajas y no te molesta que otros también trabajen y consigan frutos, esa esterilidad es sólo aparente: ya recogerás la cosecha a su tiempo.

Num 913 Hay algunos que, cuando no causan daño o no mortifican a los demás, parecen considerarse desocupados.

Num 914 A veces, pienso que los murmuradores son como pequeños endemoniados... -Porque el demonio se insinúa siempre con su espíritu maligno de crítica a Dios, o a los seguidores de Dios.

Num 915 "¡Pollinerías!", comentas despreciativo.
       -¿Las conoces