istiano, cuando se alzan en autoridad, se rodean de necios: su vanidad les persuade, falsamente, de que así nunca perderán el dominio.
       Los discretos, en cambio, se rodean de doctos -que añadan al saber la limpieza de vida-, y los transforman en hombres de gobierno. No les engaña su humildad, pues -al engrandecer a los demás- se engrandecen ellos.

Num 969 No es prudente elevar a hombres inéditos hasta una labor importante de dirección, para ver qué sale. -¡Como si el bien común pudiera depender de una caja de sorpresas!

Num 970 ¿Constituido en autoridad, y obras por el qué dirán los hombres? -¡Vejestorio! -Primero, te ha de importar el qué dirá Dios; luego -muy en segundo término, y a veces nunca-, habrás de ponderar lo que puedan pensar los demás. "A todo aquél -dice el Señor- que me reconociere delante de los hombres, yo también le reconoceré delante de mi Padre, que está en los cielos. Mas a quien me negare delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre, que está en los cielos".

Num 971 Tú, que ocupas un puesto de responsabilidad, al ejercer tu tarea, recuerda: lo que es personal, perece con la persona que se hizo imprescindible.

Num 972 Una norma fundamental de buen gobierno: repartir responsabilidades, sin que esto signifique buscar comodidad o anonimato. Insisto, repartir responsabilidades: pidiendo a cada uno cuentas de su encargo, para poder "rendir cuentas" a Dios; y a las almas, si es preciso.

Num 973 Al resolver los asuntos, procura no exagerar nunca la justicia hasta olvidarte de la caridad.

Num 974 La resistencia de una cadena se mide por su eslabón más débil.

Num 975 No digas de ninguno de tus subordinados: no vale.
        -Eres tú el que no vale: porque no sabes colocarlo en el sitio donde puede funcionar.

Num 976 Rechaza la ambición de honores; contempla, en cambio, los instrumentos, los deberes y la eficacia. -Así, no ambicionarás los cargos y, si llegan, los mirarás en su justa medida: cargas en servicio a las almas.

Num 977 A la hora del desprecio de la Cruz, la Virgen está allá, cerca de su Hijo, decidida a correr su misma suerte. -Perdamos el miedo a conducirnos como cristianos responsables, cuando no resulta cómodo en el ambiente donde nos desenvolvemos: Ella nos ayudará.

	Penitencia

Num 978 Nuestro Señor Jesús lo quiere: es preciso seguirle de cerca. No hay otro camino. Esa es la obra del Espíritu Santo en cada alma -en la tuya-: sé dócil, no opongas obstáculos a Dios, hasta que haga de tu pobre carne un Crucifijo.

Num 979 Si la palabra amor sale muchas veces de la boca, sin estar respaldada con pequeños sacrificios, llega a cansar.

Num 980 Desde todos los puntos de vista, es de una importancia extraordinaria la mortificación.
       -Por razones humanas, pues el que no sabe dominarse a sí mismo jamás influirá positivamente en los demás, y el ambiente le vencerá, en cuanto halague sus gustos personales: será un hombre sin energía, incapaz de un esfuerzo grande cuando sea necesario.
       -Por razones divinas: ¿no te parece justo que, con estos pequeños actos, demostremos nuestro amor y acatamiento al que todo lo dio por nosotros?

Num 981 El espíritu de mortificación, más que como una manifestación de Amor, brota como una de sus consecuencias. Si fallas en esas pequeñas pruebas, reconócelo, flaquea tu amor al Amor.

Num 982 ¿No te has fijado en que las almas mortificadas, por su sencillez, hasta en este mundo gozan más de las cosas buenas?

Num 983 Sin mortificación, no hay felicidad en la tierra.

Num 984 Cuando te decidas a ser mortificado, mejorará tu vida interior y serás mucho más fecundo.

Num 985 No lo debemos olvidar: en todas las actividades humanas, tiene que haber hombres y mujeres con la Cruz de Cristo en sus vidas y en sus obras, alzada, visible, reparadora; símbolo de la paz, de la alegría; símbolo de la Redención, de la unidad del género humano, del amor que Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, la Trinidad Beatísima ha tenido y sigue teniendo a la humanidad.

Num 986 "¿No se reirá, Padre, si le digo que -hace unos días- me sorprendí ofreciéndole al Señor, de una manera espontánea, el sacrificio de tiempo que me suponía tener que arreglar, a uno de mis pequeños, un juguete descompuesto?"
       -No me sonrío, ¡gozo!: porque, con ese Amor, se ocupa Dios de recomponer nuestros desperfectos.

Num 987 Sé mortificado, pero no ramplón ni amargado. -Sé recogido, pero no encogido.

Num 988 Un día sin mortificación es un día perdido, porque no nos hemos negado, no hemos vivido el holocausto.

Num 989 ¿No has contrariado, alguna vez, en algo, tus gustos, tus caprichos? -Mira que Quien te lo pide está enclavado en una Cruz -sufriendo en todos sus sentidos y potencias-, y una corona de espinas cubre su cabeza... por ti.

Num 990 Te presentas como un teórico formidable... -Pero ¡no cedes ni en menudencias insignificantes! -¡No creo en ese espíritu tuyo de mortificación!

Num 991 Cuidar las cosas pequeñas supone una mortificación constant