 único, para remover toda una ciudad y sus alrededores", se repetía muy convencido.
       -No esperes a contar con más medios o a que vengan otros: las almas te necesitan hoy, ahora.

Num 118 Sé atrevido en tu oración, y el Señor te transformará de pesimista en optimista; de tímido en audaz; de apocado de espíritu en hombre de fe, ¡en apóstol!

Num 119 Los problemas que antes te acogotaban -te parecían altísimas cordilleras- han desaparecido por completo, se han resuelto a lo divino, como cuando el Señor mandó a los vientos y a las aguas que se calmaran.
       -¡Y pensar que todavía dudabas!

Num 120 "¡No ayudéis tanto al Espíritu Santo!", me decía un amigo, en broma, pero con mucho miedo.
       Contesté: pienso que "le ayudamos" poco.

Num 121 Cuando veo tantas cobardías, tantas falsas prudencias..., en ellos y en ellas, ardo en deseos de preguntarles: entonces, ¿la fe y la confianza son para predicarlas; no, para practicarlas?

Num 122 Te encuentras en una actitud que te parece bastante rara: por una parte, achicado, al mirar para adentro; y, por otra, seguro, animado, al mirar para arriba.
       -No te preocupes: es señal de que te vas conociendo mejor y, ¡esto sí que importa!, de que le vas conociendo mejor a El.

Num 123 ¿Has visto? -¡Con El, has podido! ¿De qué te asombras?
       -Convéncete: no tienes de qué maravillarte. Confiando en Dios -¡confiando de veras!-, las cosas resultan fáciles. Y, además, se sobrepasa siempre el límite de lo imaginado.

Num 124 ¿Quieres vivir la audacia santa, para conseguir que Dios actúe a través de ti? -Recurre a María, y Ella te acompañará por el camino de la humildad, de modo que, ante los imposibles para la mente humana, sepas responder con un "fiat!" -¡hágase!, que una la tierra al Cielo.

	Luchas

Num 125 No todos pueden llegar a ser ricos, sabios, famosos... En cambio, todos -sí, "todos"- estamos llamados a ser santos.

Num 126 Ser fiel a Dios exige lucha. Y lucha cuerpo a cuerpo, hombre a hombre -hombre viejo y hombre de Dios-, detalle a detalle, sin claudicar.

Num 127 La prueba, no lo niego, resulta demasiado dura: tienes que ir cuesta arriba, a "contrapelo".
       -¿Qué te aconsejo? -Repite: "omnia in bonum!", todo lo que sucede, "todo lo que me sucede", es para mi bien... Por tanto -ésta es la conclusión acertada-: acepta eso, que te parece tan costoso, como una dulce realidad.

Num 128 Hoy no bastan mujeres u hombres buenos. -Además, no es suficientemente bueno el que sólo se contenta con ser casi... bueno: es preciso ser "revolucionario".
       Ante el hedonismo, ante la carga pagana y materialista que nos ofrecen, Cristo quiere ¡anticonformistas!, ¡rebeldes de Amor!

Num 129 La santidad, el verdadero afán por alcanzarla, no se toma pausas ni vacaciones.

Num 130 Algunos se comportan, a lo largo de su vida, como si el Señor hubiera hablado de entregamiento y de conducta recta sólo a los que no les costase -¡no existen!-, o a quienes no necesitaran luchar.
       Se olvidan de que, para todos, Jesús ha dicho: el Reino de los Cielos se arrebata con violencia, con la pelea santa de cada instante.

Num 131 ¡Qué afán tienen muchos de reformar!
       ¿No sería mejor que nos reformáramos todos, cada uno, para cumplir fielmente lo que está mandado?

Num 132 Chapoteas en las tentaciones, te pones en peligro, juegas con la vista y con la imaginación, charlas de... estupideces. -Y luego te asustas de que te asalten dudas, escrúpulos, confusiones, tristeza y desaliento.
       -Has de concederme que eres poco consecuente.

Num 133 Después del entusiasmo inicial, han comenzado las vacilaciones, los titubeos, los temores. -Te preocupan los estudios, la familia, la cuestión económica y, sobre todo, el pensamiento de que no puedes, de que quizá no sirves, de que te falta experiencia de la vida.
       Te daré un medio seguro para superar esos temores -¡tentaciones del diablo o de tu falta de generosidad!-: "desprécialos", quita de tu memoria esos recuerdos. Ya lo predicó de modo tajante el Maestro hace veinte siglos: "¡no vuelvas la cara atrás!"

Num 134 Hemos de fomentar en nuestras almas un verdadero horror al pecado. ¡Señor -repítelo con corazón contrito-, que no te ofenda más!
       Pero no te asustes al notar el lastre del pobre cuerpo y de las humanas pasiones: sería tonto e ingenuamente pueril que te enterases ahora de que "eso" existe. Tu miseria no es obstáculo, sino acicate para que te unas más a Dios, para que le busques con constancia, porque El nos purifica.

Num 135 Si la imaginación bulle alrededor de ti mismo, crea situaciones ilusorias, composiciones de lugar que, de ordinario, no encajan con tu camino, te distraen tontamente, te enfrían, y te apartan de la presencia de Dios. -Vanidad.
       Si la imaginación revuelve sobre los demás, fácilmente caes en el defecto de juzgar -cuando no tienes esa misión-, e interpretas de modo rastrero y poco objetivo su comportamiento. -Juicios temerarios.
       Si la imaginación revolotea sobre tus propios ta