sentencia del Maestro: vigilad y orad, porque no sabéis ni el día ni la hora?

Num 165 Me comentaste con aire fanfarrón e inseguro: unos suben y otros bajan... Y otros, ¡como yo!, estamos tumbados en el camino.
       Me dio tristeza tu indolencia, y añadí: de los haraganes tiran a remolque los que suben; y, de ordinario, con más fuerza los que bajan. ¡Piensa qué descamino tan penoso te buscas!
       Ya lo señaló el santo obispo de Hipona: no avanzar es retroceder.

Num 166 En tu vida hay dos piezas que no encajan: la cabeza y el sentimiento.
       La inteligencia -iluminada por la fe- te muestra claramente no sólo el camino, sino la diferencia entre la manera heroica y la estúpida de recorrerlo. Sobre todo, te pone delante la grandeza y la hermosura divina de las empresas que la Trinidad deja en nuestras manos.
       El sentimiento, en cambio, se apega a todo lo que desprecias, incluso mientras lo consideras despreciable. Parece como si mil menudencias estuvieran esperando cualquier oportunidad, y tan pronto como -por cansancio físico o por pérdida de visión sobrenatural- tu pobre voluntad se debilita, esas pequeñeces se agolpan y se agitan en tu imaginación, hasta formar una montaña que te agobia y te desalienta: las asperezas del trabajo; la resistencia a obedecer; la falta de medios; las luces de bengala de una vida regalada; pequeñas y grandes tentaciones repugnantes; ramalazos de sensiblería; la fatiga; el sabor amargo de la mediocridad espiritual... Y, a veces, también el miedo: miedo porque sabes que Dios te quiere santo y no lo eres.
       Permíteme que te hable con crudeza. Te sobran "motivos" para volver la cara, y te faltan arrestos para corresponder a la gracia que El te concede, porque te ha llamado a ser otro Cristo, "ipse Christus!" -el mismo Cristo. Te has olvidado de la amonestación del Señor al Apóstol: "¡te basta mi gracia!", que es una confirmación de que, si quieres, puedes.

Num 167 Recupera el tiempo que has perdido descansando sobre los laureles de la complacencia en ti mismo, al creerte una persona buena, como si fuese suficiente ir tirando, sin robar ni matar.
       Aprieta el paso en la piedad y en el trabajo: ¡te queda tanto por recorrer aún!; convive a gusto con todos, también con los que te molestan; y esfuérzate para amar -¡para servir!- a quienes antes despreciabas.

Num 168 Mostraste tus miserias pasadas -llenas de pus- en la confesión. Y el sacerdote actuó en tu alma como un buen médico, como un médico honrado: cortó donde hacía falta, y no permitió que cerrara la herida hasta que la limpieza fue completa. -Agradécelo.

Num 169 Da muy buenos resultados emprender las cosas serias con espíritu deportivo... ¿He perdido varias jugadas? -Bien, pero -si persevero- al fin ganaré.

Num 170 Conviértete ahora, cuando aún te sientes joven... ¡Qué difícil es rectificar cuando ha envejecido el alma!

Num 171 "Felix culpa!", canta la Iglesia... Bendito error el tuyo -te repito al oído-, si te ha servido para no recaer; y también para mejor comprender y ayudar al prójimo, que no es de más baja calidad que tú.

Num 172 ¿Es posible -preguntas después de haber rechazado la tentación-, es posible, Señor, que yo sea... ese otro?

Num 173 Voy a resumirte tu historia clínica: aquí caigo y allá me levanto...: esto último es lo importante. -Pues sigue con esa íntima pelea, aunque vayas a paso de tortuga. ¡Adelante!
       -Bien sabes, hijo, hasta dónde puedes llegar, si no luchas: el abismo llama a otros abismos.
 174. Estás avergonzado, delante de Dios y de los demás. Has descubierto en ti roña vieja y renovada: no hay instinto, ni tendencia mala, que no sientas a flor de piel... y tienes la nube de la incertidumbre en el corazón. Además, aparece la tentación cuando menos lo quieres o la esperas, cuando por fatiga afloja tu voluntad.
       No sabes ya si te humilla, aunque te duele verte así... Pero que te duela por El, por Amor de El; esta contrición de amor te ayudará a permanecer vigilante, porque la pelea durará mientras vivamos.

Num 175 ¡Qué grandes deseos te consumen de resellar la entrega que hiciste en su momento: saberte y vivir como hijo de Dios!
       -Pon en las manos del Señor tus muchas miserias e infidelidades. También, porque es el único modo de aliviar su peso.

Num 176 Renovación no es relajación.

Num 177 Días de retiro. Recogimiento para conocer a Dios, para conocerte y así progresar. Un tiempo necesario para descubrir en qué y cómo hay que reformarse: ¿qué he de hacer?, ¿qué debo evitar?

Num 178 Que no se vuelva a repetir lo del año pasado.
       -"¿Qué tal el retiro?", te preguntaron. Y contestaste: "hemos descansado muy bien".

Num 179 Días de silencio y de gracia intensa... Oración cara a cara con Dios...
       He roto en acción de gracias, al contemplar a aquellas personas, graves por los años y por la experiencia, que se abren a los toques divinos y responden como niños, ilusionadas ante la posibilidad de convertir aún su vida en algo útil..., que borre todos